Hemos incorporado a la sección de Archivos sonoros del portal SIPCA el trabajo “Recopilación de tradición oral en el Parque Cultural de San Juan de la Peña. Fase 2”, realizado en 2007-2008 por las investigadoras Sandra Araguás y Nereida Torrijos...
El molino harinero de Ainielle, siguiendo la tipología que se corresponde con el modelo de rodete y rueda horizontal impulsado por energía hidráulica, esta compuesto por una pequeña construcción de planta rectangular y elementos auxiliares como dos acequias y una balsa. En cuanto al edificio del molino, este tiene los dos niveles típicos (el inferior o cárcavo con el rodete y otros elementos accesorios, y el superior dedicado a la molienda, control de velocidad del rodete y ruedas de moler), adaptándose al desnivel del terreno sobre el que se asienta. Esta construido con materiales propios del Serrablo, conformando muros de sillarejos dispuestos en hiladas irregulares y ensamblados con barro sin recubrimiento. Sus muros se abren por medio de pequeños vanos cuadrangulares de piedra y una puerta con un gran dintel de bloque monolítico en el se lee la inscripción “+ AÑO 1763”. La cubierta, acabada con lajas de piedra arenisca, es a dos aguas. Por medio de dos acequias, el agua de los barrancos de Ainielle y del Molino se desviaba hacia una balsa situada en un nivel superior del edificio, llamada localmente “matral”. Acequias casi inapreciables a día de hoy por su colmatación y por los sucesivos derrumbes de algunos tramos. La balsa, que disponía de dos tajaderas metálicas (una para controlar el agua que descargaba sobre el rodete y otra para aliviar el caudal, derivando de nuevo el agua al barranco), conserva restos del mortero que la recubría al interior. A una altura de unos 5 metros con respecto al cárcavo, el agua caía por una canal de madera de haya, cuyo primer tramo es abierto al aire, reposando en una estructura de obra de mampuesto, y el último tramo, de un metro y medio, el canal es subterráneo hasta llegar al saetín del cárcavo. Dicho canal presenta refuerzos de chapa en sus esquinas interiores. La apertura del cárcavo hacia el exterior, mediante arco dovelado, se encuentra en el muro sur del edificio, justo en la vertical de su única ventana. Actualmente el cárcavo está cerrado por una reja de varillas de hierro corrugado. Al interior, la planta inferior alberga el citado cárcavo cubierto con bóveda de cañón. Contiene el rodete (llamado “alapau” en la zona) compuesto por 20 palas, de las que se conservan 15, de madera de haya, y el eje vertical o árbol que comunica por un orificio en la bóveda con el piso superior. Además, el cárcavo tiene otros dos orificios, el saetín de entrada del agua y otro en la bóveda para que el elevador regulara la distancia entre las ruedas de moler. La planta superior tiene dos espacios diferenciados; el destinado a la molienda con las muelas y la tolva, y otro espacio destinado a descanso con un pequeño hogar. La cubierta al interior, de estructura reciente, es de madera del tipo de par e hilera contando con un apoyo central constituido por péndola sobre viga.
En numerosos pueblos altoaragoneses podemos encontrar casas tradicionales dotadas de elementos defensivos, entre los que destacan los grandes torreones que protegían los puntos más débiles de las casas. La mayor parte fueron construidas en la segunda mitad del siglo XVI, caracterizada por una prosperidad económica que se conjugó con un aumento del bandolerismo y los conflictos sociales. En estas circunstancias tanto los nobles como todo ciudadano acomodado que pudiera permitírselo se preocuparon por defender sus hogares, dejándonos más de un centenar de casas torreadas que han sido declaradas Bien de Interés Cultural.
Jesús Vázquez ObradorSabiñánigo, Comarca del Alto Gállego, 2002